lunes, 8 de julio de 2013

Obsesión conservadora


Desde Madrid se ve muy lejos y con cierto desprecio Gibraltar. En la comarca vecina el sentimiento es bien distinto. Vecindad e intereses compartidos hacen posible una relación fluida y fructífera a uno y otro lado de la frontera. El tercer centenario del Tratado de Utrecht, por el que España perdió la soberanía de este espacio geoestratégico, puerta del Atlántico y el Mediterráneo, está azuzando las agresiones, los viejos rencores, las más bajas pasiones de la derecha española más radical. Es habitual ver en esas ultraconservadores empresas de comunicación, con periódico canales de televisión y radio, una animadversión sin disimulo y sin corrección con el paso del tiempo. Claman desde un impostado orgullo herido, sobreactúan y exageran desde la atalaya del nacionalismo hispano más rancio. Toda esta artillería dialéctica demencial se recrudecerá en la medida que se acerquen las actividades conmemorativas previstas para el 13 de julio. No dejan cicatrizar un herida abierta después de tres siglos cuando la realidad de la zona está marcada por la convivencia y la concordia. No estamos ya en época de duelos al amanecer. La obsesión es una enfermedad que curan los especialistas de psicología y psiquiatría.

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